Sobrecarga Informativa
Infoxicación es un término que acuñó Alfons Cornella en 1996 y hace referencia al exceso de información que nos invade hoy en día.
Pero...¿Es la sobrecarga de información un problema? ¿O los que no somos capaces de gestionar la gran cantidad de información de la que disponemos en la actualidad somos nosotros?
Bombardeo de correos electrónicos y whatsapps (a día de hoy es totalmente imprescindible disponer de uno), a los que somos incapaces de hacer frente, sobre todo las personas que lo requieren en su vida profesional además de la personal.
Un grave problema es que cualquiera puede introducir información en Internet y hacerla pública para todo el mundo (yo misma lo estoy haciendo). Cuestionar permanentemente las fuentes de cada artículo, foro o revista que leemos a diario en la web es una tarea ardua para la que quizás deberíamos emplear un poco de tiempo. Pero, ¿esto cómo se hace?
Poseer demasiada información sobre algún tema en particular puede y suele provocar sentimientos de angustia, agobio e incluso incapacidad de tomar una decisión, tanto por el hecho de no ser capaz de procesar tanta información como por el hecho de obtener datos contradictorios para los que desconocemos su veracidad.
Parte de la clave está en saber preguntar, cuál es la ‘información crítica’ que necesito conocer, aquello de lo que no puedo no estar informado. Seguir un procedimiento ante la tarea de búsqueda de información.

El proceso de buscar información es algo que se debe aprender.
Conocer qué es lo que tenemos que preguntar, tanto a una máquina como a una persona. En muchas ocasiones, quizás en la mayoría, la información nos llega de manera casual, como ocurre cuando leemos un diario o una revista, y aquí nos preguntamos “vale, es una información muy interesante pero… ¿qué hago con ella? ¿dónde la almaceno? ¿cómo la relaciono?”. En resumidas cuentas, para estar bien informado se tienen de definir previamente cuáles son nuestras líneas de interés y se debe descartar aquella información que creemos que nos pueden ser útiles algún día, pues ya se realizará una búsqueda en ese hipotético futuro.
Por otro lado y lo más importante es la búsqueda en sí.
Normalmente preguntaríamos sobre el tema que nos interesa a una persona especializada o muy afín al ámbito en cuestión, pero hoy en día preguntamos a nuestro ordenador. Los buscadores genéricos como Google NO devuelven sus resultados ordenados en función de la veracidad, la calidad o la información más completa, sino que disponen de complejos algoritmos que lo hacen en función de sus propios parámetros como pueden ser las páginas más visitadas, las más linkadas desde otras páginas, las que contengan las palabras clave dispersadas en su texto en mejor medida o aquellas que estén adaptadas para visualizarlas en cualquier dispositivo. Es de suponer que aquella página más visitada o más linkada va a ser la que nos provea la mejor información, pero lo cierto es que conociendo los mecanismos muchas webs se las ingenian para cumplir estos requisitos y quizás aquellas realmente importantes se quedan en la Internet profunda. Además no toda la información de Internet está indexada para ser encontrada por estos buscadores. Se dice que de 500.000 millones de páginas, tan solo 2.000 millones está en la Internet de superficie.
Sin embargo existen buscadores menos conocidos que tienen detrás a personas que dedican a buscar de forma exhaustiva la mejor información sobre temas específicos e incluso permiten poco a poco acotar tu búsqueda hasta comprender perfectamente cuál es la información crítica que necesitas. Ahí es donde debemos llegar, a una información válida y de calidad, a esa enciclopedia dedicada al campo específico que es de nuestro interés.
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